Seleccionar página

Si ponemos una rana en una cazuela con agua hirviendo, instintivamente saltará fuera pero…

… si encendemos el fuego con una pequeña llama para que vaya aumentando la temperatura de manera gradual ¿qué ocurrirá? La rana no se da cuenta hasta que ya resulta demasiado tade.

Las personas solemos actuar de modo parecido a la rana del experimento. Somos muy capaces de discriminar qué cosas nos gustan y cuáles no y tomamos nuestras decisiones en consecuencia. Aunque el camino no es siempre tan sencillo. Cuesta mucho tomar una nueva elección cuando lo que habías escogido parecía bueno a priori y te acaba desilusionando, o esperas y esperas con el deseo de que aquello por lo que apuestas finalmente cumpla con tus expectativas.

Os pondré algunos ejemplos que me han ido sucediendo y que seguro os resultarán familiares:

Hace unas pocas semanas fui al cine donde tuve que tomar mi primera elección: ¿Qué película ver? No dudé demasiado, por los actores, el formato del cartel, la trama… Apenas 10 minutos después todo parecía indicar que había equivocado mi elección (‘no puede ser’ pensé, ‘los actores son muy buenos y el resumen de la trama muy interesante’). Pues bien, esperé casi 90 minutos a tomar una elección que debía haber escogido desde el minuto 10 del filme (para ser honesto, me ‘ayudaron’ los ronquidos de una persona que se encontraba unas butacas más allá). Así que abandoné la sala orgulloso de mi decisión, ‘así se hace, qué aprendan!’ pensé. Sin embargo, había tomado una decisión 90 minutos tarde.

¿Cuándo he sido como la rana hervida? ¡Demasiadas veces!

Hace algunos años cambié de empleo. Las condiciones eran buenas, el trabajo muy motivador y existía la posibilidad de desarrollar una importante carrera profesional en la organización. Eso, según las palabras del responsable de Recursos Humanos. Poco a poco, como le sucedía a nuestra amiga la rana, me fui dando cuenta que las personas que tomaban las decisiones en la empresa no compartían esos valores de los que tanto se alardeaba durante las entrevistas previas y que los intereses eran más particulares de lo que cabría esperar en una empresa de esa embergadura.

Afortunadamente mis ancas no terminaron en el plato de un elegante restaurante, pero salir de la organización me supuso tomar importantes y arriesgadas decisiones en cuanto a mi carrera profesional.

¿Cómo termina el cuento? No lo sé pero me muero por descubrirlo.

¿Qué tipo de rana eres tu?

autor: www.psic-psicologos.com