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Seguro que a muchos de vosotros os suena…

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ansiedad

La semana pasada me encontraba dando una charla para un grupo de unas 50 personas, cuando de repente se me aceleró el corazón, estaba asustado, repiraba muy rápido y sentía que algo me oprimía el pecho.

Y pensé: ¡¡Voy a perder el control!!

Os preguntaréis qué sucedió después… Pues le sonreí a mi ansiedad. Le di las gracias para mis adentros e interrumpí la charla para decir a los asistentes: “Perdonad, mi amiga la ansiedad me acaba de avisar que sois un público al que tengo gran respeto, espero que lo que os cuento os resulte de interés”.
Los allí presentes, atónitos, me agradecieron la sinceridad con una mirada de complicidad. Digan lo que digan, las personas somos esencialmente buenas y cuando alguien nos muestra sus miedos, tendemos a empatizar con él (sentimos que a nosotros nos podría pasar lo mismo).
Pero… ¿por qué le di las gracias a la ansiedad?
Gcs por cuidarme
Gcs por estar pendiente de mí

Mi amistad con la ansiedad se remonta a miles de años atrás. Era una época en la que las cosas se resolvían luchando o huyendo de los peligros (animales, enemigos…), de manera que interesaba ser rápido y fuerte. De poco servía la facilidad de palabra cuando un león tenía intención de comerte.
Así que nuestro cuerpo (¡que es muy listo!) ‘decidió’ ayudarnos. El organismo responde ante la percepción de una amenaza: el corazón se acelera y la respiración rápida y superficial nos hace más rápidos y fuertes.
León Psic-psicologos
Volviendo al principio de la historia: ¡¡Qué culpa tiene mi ansiedad si me han puesto 50 personas donde debería haber un león!!
No sé vosotros pero yo prefiero (si hay que elegir) ser bueno corriendo ante 50 personas que un buen orador intentando convencer a un león.
Ahora que ya sabemos que la ansiedad, aunque incómoda, es muy necesaria os dejo algunos consejos para gestionarla.
  •           Mostrar vuestros miedos
  •           Tómate tu tiempo para hacer las cosas
  •           No dejes tareas a medias
  •           Aprende a decir “no”
  •           Dedícate mínimo una hora al día
  •           Practica ejercicio

 Vive como si no tuvieras ansiedad y esta desaparecerá

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