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¿Quién preparó hoy tu paracaídas? Esta es la pregunta que lanza Charles Plumb a los cientos de personas que se congregan en las salas de conferencias para escuchar las charlas de este ex piloto de la Fuerzas Navales de los Estados Unidos.

Young-pilot

Tras graduarse en el academia de Annapolis, fue enviado a la Guerra de Vietnam donde ejecutó 74 misiones como piloto de un bombardero. En su último vuelo, a tan sólo cuatro días de volver al país norteamericano, su avión fue derribado por un misil.

Torturado y encarcelado en una celda de apenas dos metros cuadrados, el ex piloto fue rescatado tras pasar más de 2.000 días en cuativerio en una prisión comunista.

A su regreso se convirtió en un héroe nacional, condecorado con los máximos galardones se dedicó a dar conferencias por todo el mundo sobre su historia de superación…

Pero el verdadera fábula empieza el día en el que sentado en un restaurante, se le acercó un hombre y le preguntó:

– Hola, usted es Charles Plumb, era piloto de Vietnam y lo derribaron ¿verdad?

El hombre, aturdido, le preguntó: y usted, ¿cómo sabe eso?

– Porque yo soy el que empaquetó su paracaídas ¿Parece que le funcionó bien, verdad?

Charles Plumb, emocionado, dibujó una sonrisa en su rostro.

– Claro que funcionó, si no hubiera funcionado hoy no estaría aquí.

Según cuenta el propio protagonista, esa noche no pudo dormir. No dejaba de pensar en las veces que se había cruzado con ese marine y tan siquiera le había saludado, siendo él un afamado piloto de la marina. También intentó imaginar la cantidad de horas que debía haber pasado ese hombre en las entrañas del portaviones enrollando los hilos de seda y preparando los paracaídas… en sus manos estaban las vidas de decenas de hombres que jamás conocería.

A pesar de las muchas cosas que tuvo que superar el Capitán Plumb en su cautiverio, ese día, en un tranquilo restaurante de su ciudad natal, aprendió una nueva lección: en el peor instante de su vida hubo una persona que le salvó sin que él se lo pidiera.

Quizá esta historia nos ayude a valorar más a aquellos que nos rodean, nunca sabes cuándo vas a necesitar una mano amiga, aunque no la pidas y tampoco la esperes.

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