Cuando vemos a un niño pequeño enseguida nos damos cuenta del tamaño de su zona de seguridad: dónde se siente más protegido, con qué objetos se entretiene o cuáles son esas acciones con las que llena el tiempo…

Cuando nos vamos haciendo mayores, los límites de esa zona de seguridad se difuminan y más aún en un mundo muy globalizado donde las fronteras físicas y emocionales tienden a diluirse cada vez más.

Entonces nos asaltan las dudas con las que todos crecemos: ¿Qué voy a hacer si mi vida pasa por cambiar de ciudad?, ¿por qué no encuentro el valor para iniciar ese proyecto con el que siempre he soñado? ó ¿Por qué no reúno las fuerzas y me acerco a es@ chic@ que siempre me ha gustado?

Las nuevas oportunidades siempre filtran por los poros de nuestra zona de confort esa brisa gélida que es el miedo a la incertidumbre.

La clave está en ver que esos caminos no tienen por qué cambiarnos. Tenemos que reconocer el entorno, ver sus cambios y asumir sus retos. Si es así, ¡Felicidades! has sido capaz de cambiar el miedo por la seguridad de aquél que se siente cómodo en la incertidumbre y toma las decisiones acorde a sus propios gustos.

Para los que prefieren explorar aquello que está más allá de su zona de confort aquí tenéis algunas claves para conseguirlo.

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